Cómo disminuir las bajas laborales en el sector de la logística usando tecnología de alta complejidad
Las tecnologías de alta complejidad ocupan, cada vez más, una posición central en la vida de las personas. Ciertamente, como consumidores somos capaces de detectar que cada vez se hacen más imprescindibles en nuestra vida, y para las empresas es una pieza clave estratégica para mantener la competitividad.
Además, cuando las generaciones del futuro miren hacia el 2021, verán una revolución tecnológica que afecta a todos los aspectos de la vida. Distintos objetivos, distintas ambiciones, y, por supuesto, una concepción diferente de las condiciones laborales mínimas que hoy en día protegen las leyes de PRL.
En España, la necesidad de proteger al trabajador según las nuevas concepciones del mundo no se consolidó hasta 1995, con la publicación en el BOE de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Entre sus preceptos, la necesidad de realizar una vigilancia sobre la salud de los trabajadores periódicamente. Prestando especial atención al mantenimiento de posturas incómodas, fue una revolución para trabajos del sector de la logística, que hasta entonces no tenían forma de protegerse de lesiones musculoesqueléticas.
Después, diversas universidades decidieron investigar sobre estas lesiones y su relación directa con la mala postura en el trabajo, y se demostró que cerca del 50% de las personas tienen dolencias localizadas en hombro-cuello, y que un tercio del total ha tenido que darse de baja por estas dolencias. En todo esto la logística no iba a ser una excepción: elevación de cargas, pesaje de paquetes, transporte de mercancías… Todo parece indicar que, si no se despliegan los mecanismos necesarios, es cuestión de tiempo que las bajas por trastornos musculoesqueléticos permanentes se sucedan con mucha frecuencia.
Pero, ¿Cómo podemos evitarlo? Sólo con descansos periódicos y cuidado en la postura al agacharse y levantarse no es suficiente. Necesitamos recurrir a esa tecnología de primera generación y ponerla a trabajar: cámaras que analicen y vigilen al personal, alarmas sonoras, luminosas o en la propia interfaz de trabajo, informes semanales y mensuales de cada trabajador, dashboards de consulta histórica… y, por supuesto, contar con herramientas y máquinas que faciliten nuestra labor en cada paso del proceso. En definitiva, confiar en esa revolución tecnológica que vivimos y procurar la mejor asistencia para nuestros trabajadores (ahorrándonos bajas laborales, de paso).
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